Wednesday, July 27, 2016

Felicidad

Pedro Juan Gutiérrez, Trilogía sucia de La Habana

Allí fui feliz. Sólo que nunca lo supe. Uno percibe la felicidad cuando se acaba.

Sunday, July 3, 2016

Luchar, ¿para qué?

Roberto Bolaño, 2666

¿Luchar contra quién? ¿Y para conseguir qué? ¿Más tiempo, una certeza, el vislumbre de algo esencial? Como si hubiera algo esencial en este pinche país, pensó, como si lo hubiera en este pinche planeta mamador de su propia verga. 


Thursday, March 31, 2016

les mots me vieillissent ou me font jaillir

ils me mêlent aux autres

ils liment nos solitudes

pour nous rejoindre


                             – Henri Meschonnic

Monday, March 28, 2016

PD: Que, de luto, llora

Subcomandante Marcos, "PD: Que, de luto, llora"

Estaba yo escuchando en la grabadorcita esa rola de Stephen Stills, del álbum Four Way Street, que dice: "Find the cost of freedom, buried in the ground. Mother Earth will swallow you. Lay your body down"


Cuando viene corriendo mi otro yo y me dice:


— Parece que te saliste con la tuya…


— ¿A poco ya cayó el PRI? ­ pregunto con esperanza.


— ¡N’ombre!… Te mataron ­dice mi otro yo.


— ¿A mí? ¿Cuándo? ¿Dónde? ­cuestiono mientras hago memoria de dónde he estado y lo que he hecho.


— Hoy, en un enfrentamiento… pero no dicen dónde mero­, responde.


— ¡Ah, bueno!… ¿Y quedé mal herido o mero muerto? ­insisto.


— Toditito muerto… así dicen las noticias ­dice mi otro yo y se va.


Un sollozo narcisista compite con los grillos.


— ¿Por qué lloras? ­pregunta Durito mientras enciende su pipa.


— Porque no podré asistir a mi entierro. Yo, que me amaba tanto…

Wednesday, March 23, 2016

Sobrescribir

Repentinamente, como si una mano invisible le inyectara un torrente de adrenalina, el ajado cincuentón tuvo deseos de escribir. No sabía qué, dónde o para qué escribiría, pero necesitaba hacerlo. Jalado por este impulso llegó a detenerse y sacar de su maleta el cuaderno que recién había comprado: se veía tan nuevo e inmaculado que utilizarlo para escribir reflexiones prosaicas, por no decir pueriles, le pareció todo un desperdicio, casi un sacrilegio. Titubeó, reflexionó, divagó. Dudó en atreverse a desacralizar la pureza de su novel adquisición. Pero dudó, ante todo, de embarcarse en un ejercicio escritural sin objetivo que eventualmente se tornase en algo superfluo. Entonces decidió no escribir. En un rápido movimiento, consecuencia más del frío que entumecía sus manos que de la exhibición de portentosos reflejos o habilidades, nuestro buen hombre guardó su cuaderno de notas en la maleta cruzada que llevaba consigo y siguió su camino.  

Era una noche fría como tantas otras en ese invierno: poca gente en la calle, rostros reservados y negocios varios que daban la impresión de estar cerrados. Mientras caminaba, se fijó en tres o cuatro transeúntes –hombres y mujeres por igual– que, por falta de otra expresión más adecuada, exudaban belleza y encanto. Quiso hacer algo: parar, hablarles, decirles gentil y respetuosamente que no podía dejar de apreciar sus ojos, sus labios, incluso su cuerpo, ese cuerpo escondido por las múltiples y variopintas capas de ropa tan necesarias para estas crueles temperaturas. Como podremos imaginar, nada hizo. No era del tipo tímido aquel hombre; nunca lo había sido y ya entrado en la adultez tenía aún más razones para no serlo. Pero no hay duda, y en eso coincidiremos muchos, de que una cosa es no ser tímido y otra, ya muy distinta, es pararse en medio de la acera para abordar repentinamente a un desconocido cualquiera con el único y explícito fin de alabar sus atributos. 
Al doblar a la izquierda para tomar una de las calles que solía frecuentar durante sus paseos por la ciudad, sintió en su pecho una especie de opresión. No era, sin embargo, una sensación angustiosa. Se trataba más bien de una extraña emoción, un impulso productivo muy parecido al que hacía unos minutos lo había invadido. Supo entonces que no podía aplazar más lo inevitable: tenía que escribir, ¡debía hacerlo cuanto antes! Recordó aquel café, ese lugar ligeramente místico que parecía guardar y fundir en una sola atmósfera fragmentos de todos y cada uno de los clientes que constantemente lo visitaban. Acelerando el paso, el hombre se dirigió hacia allí y en menos tiempo del que había podido imaginar se encontró en la barra pidiendo un vaso de cerveza rubia (su predilecta). Solo pensaba en no dar más dilación a la escritura así que maniobró torpemente para sacar el dinero de su bolsillo y pagar. 

De que nuestro cincuentón había olvidado tomar el cambio solo se dio cuenta la barman, quien intentó llamarlo inútilmente. El hombre estaba tan absorto buscando su cuaderno que nada escuchó. Se acomodó en una de las dos mesas que quedaban libres y dejó que su corazón y su cuerpo entero se desaceleraran. Justo en ese instante, ya sentado y mirando a su alrededor, notó que no sabía qué debía o quería escribir. Su deseo fue tan intenso que en lo único en que había reparado era en la fuerte necesidad de plasmar algo en un papel. Pero nunca, o como diríamos, jamás de los jamases, pensó en las palabras concretas o en la temática específica de aquello que escribiría. Titubeó, reflexionó, divagó… durante dos segundos. Y escribió: comenzó a escribir sobre aquella noche en que un fuerte impulso lo llevó a sentarse a escribir en un café.  

Tuesday, March 15, 2016

Canción cubana

Guillermo Cabrera Infante, Exorcismos de estilo

¡Ay, José, así no se puede!

¡Ay, José, así no sé!

¡Ay, José, así no!

¡Ay, José, así!

¡Ay, José!

¡Ay!

Thursday, October 8, 2015

Filiación soberana

César Mario Gómez Montañez, La comunidad del naciente. Por una biopolítica afirmativa del exceso

Tenemos demasiado arraigado, aún, un modelo de familia fundado en la soberanía (...) El naciente, apropiado en su entrada a la vida bajo un modelo soberano, mantendrá en él la tensión de éste y favorecerá, por tanto, su vinculación afectivoemocional con regímenes de tal tipo. En este modelo de familia, lo que opera es la conjura sistemática de un naciente, con toda su singularidad, por medio de una operación de apropiación. Se establece una concepción de propiedad que rearticula al naciente en una nueva categoría semántica: el hijo. Parafraseando ciertos modelos retóricos, ‘ahí donde se encara un naciente, este debe devenir mi hijo’. En esta figura de paternidad, fundada en la identificación y en cierta ‘realización’ del padre a través del hijo podemos comprender la conjura de la diferencia.

En otras palabras, el hijo adquiere la condición de ser en potencia, pero en el que tal potencia pre-existe y lo predetermina. (...) Esta es la conjura que supone la figura del hijo propio. La preexistencia como potencia hace del hijo una imagen a realizar. El modelo soberano, resuelve las tensiones de singularidad por una adecuación simétrica a la imagen del hijo. Un naciente deviene este hijo como imagen. La identificación se inaugura como un proceso de adecuación a una imagen, que no es otra cosa que el mito del hijo –como cuando hablamos del mito de la comunidad que se supone acabada o realizada–. Por ello se trata de una simetría entre el padre y el hijo. La asimetría del hecho problemático del naciente como pura potencia a individuaciones sucesivas, es relevada por una simetría, correspondiente con un modelo hilemórfico de la identidad, en la que el individuo se adecua paulatinamente a su forma, a la imagen que de él tiene el padre. No se nace hijo, se hace hijo, se le produce, se le apropia por una técnica específica de adecuación e imagen. Violencia hilemórfica sobre el devenir del ser".

Gómez Montañez, César Mario. 2010. La comunidad del naciente. Por una biopolítica afirmativa del exceso. Tesis de Maestría, Departamento de Filosofía, Pontificia Universidad Javeriana.  

Tuesday, September 29, 2015

Cyclonopedic thoughts

En medio de los impasibles metales que sostienen una inmensa valla en lo alto de un edificio, veo una pequeña y solitaria sombra humana. Se ha alejado, quiero pensar, de la venenosa sociabilidad contemporánea que impone distorsionadas formas de estar-con,“comunidades” y “comunalidades” prefabricadas que vinculan sin vincular. Soledad proliferante la de esta enigmática figura: encuentros y conexiones consigo mismo, con materiales anónimos, con seres inventados, con pensamientos bizarros y confusos, con imágenes y perspectivas, con uno y muchos mundos. Estar solo sin estarlo… Pienso en nuestra amistad y por eso te escribo. Para que estando solo no lo estés, para que una parte de mí esté ahí sin estarlo, para que en la ausencia haya presencia y en la soledad, vínculos. 

Thursday, September 24, 2015

Encuentros dispersos (cercanos y lejanos) de todos los tipos (no solo del tercero)

El tema del encuentro, o más bien en plural, de los encuentros, se me sigue apareciendo recurrentemente. Bien se podría objetar que soy yo el que, voluntariosamente, persigue esta cuestión –como un cazador a su presa. Sin embargo, hay que decir que más que una mezquina obsesión, mi interés y conexión con aquel tema no es otra cosa que un encuentro: un encuentro con ‘el encuentro’, o mejor aún, encuentros múltiples y dispersos con ‘el encuentro’. Mi acercamiento al tema, entonces, debe ser definido no como una cinegética (arte de la caza) sino como una especie de criptozoología. El criptozoólogo, curioso por toparse con críptidos –seres cuya existencia es puesta en duda por la ciencia moderna–, comienza una labor de rastreo. Atento a cualquier signo o huella que lo lleve a confrontar estos seres, el criptozoólogo no desea, necesariamente, cazar a su presa (para él no hay presa). El criptozoólogo busca, fundamentalmente, maravillarse con esos seres ‘ocultos’; es presa –él mismo, curiosamente– de la fascinación hacia los críptidos, del misterio que estos animales representan. Y si a nadie más parece importarle, o si se pone en duda el propósito de su búsqueda, eso poco o nada le interesa a la criptozoología. Lo que importa no es encontrar y cazar al animal, sino utilizar y sacar provecho de la mayor cantidad de medios e información recolectada para seguir con la labor, para sensibilizarse con la existencia de aquella ‘bestia oculta’. Así pues, antes que una búsqueda por ‘el encuentro’, mi recorrido se ha tratado de encuentros con ‘el encuentro’: vislumbrar huellas, seguir rastros, prestar atención a indicios que aparecen en el ambiente y que ‘dicen algo sobre algo’. No es a partir de una obsesión –como la del cazador– que el tema se manifiesta y se presenta insistentemente. Y tampoco se trata de pasividad pura; sin duda el interés por ‘el encuentro’ existe. Es debido a que ‘el encuentro’ ha surgido como huella en el camino que, de una u otra forma, el ya muchas veces mencionado tema ha cautivado mi atención… 

Tuesday, September 22, 2015

In contra (I)

Las calles le empezaron a parecer espléndidas, llenas de luces y de personas que creía haber visto ya en algún lugar pero que sin duda no podría llamar por nombre propio. Familiaridad en el anonimato. Sentado en una banca, el mundo entero seguía su marcha mientras él, poco a poco, se perdía en la densa opacidad de su espíritu. Ensimismado, constreñido por la pesadez de sus pensamientos, se preguntaba por su propia existencia y la del mundo que habitaba. Tan importante y a la vez insignificante le pareció la vida –la suya, la de los otros, la del mundo– que en un destello de lucidez pudo entrever el cosmos. Vio que todo terrestre era tan cósmico como aquel habitáculo planetario que lo rodeaba o como las estrellas más lejanas de las que aún no sabemos nada. Pensó en los rayos del sol y en el magma volcánico, en el plancton casi infinito y en los abismos oceánicos, en el trazado geométrico de los cristales de nieve y en las untuosas sustancias subterráneas. Pero divagó, también, sobre el disgusto con su hermano, sobre la felicidad de volver a ver a su mejor amiga, sobre el dolor de la lejanía. Todo, lo personal y lo cósmico, le pareció tener la misma naturaleza: todo, absolutamente todo, era tan constitutivo como banal.

La mirada perdida, absorta en pensamientos, volvió a las calles de la ciudad. Vio entonces unos pies moviéndose en su dirección y se fijó en ellos. Levantando poco a poco su cabeza se fue encontrando con las pantorrillas, las rodillas, los muslos, la cadera, el abdomen, el pecho, el cuello. Ahí se detuvo, pues no quería confrontar la potencia del rostro. No creía necesario llevar a cabo este gesto, un gesto de reconocimiento. Además, ¿qué objetivo ulterior podría tener esto? De seguro esa persona seguiría de largo, trazaría otra ruta o, en el mejor de los casos, se sentaría al lado suyo en espera de alguien más. Quiso entonces desviar la mirada y retornar a sus existenciales meditaciones. Pero segundos antes de hacerlo, por motivos que no podemos atribuir a la consciencia voluntariosa y mucho menos al caprichoso inconsciente –solamente, tal vez, a la intensidad del afecto–, su cabeza se levantó por completo y vio el rostro de aquel cuerpo. ¡Lo conocía! Conocía ese rostro: sus particulares rasgos y la cautivante mirada no podían ser de nadie más... Se conocían, se reconocieron. Los cuerpos se tornaron casi inmóviles y el tiempo era ya otro.

¿Cómo era posible? ¿No era absurdo, acaso irreal y novelesco, ver por tercera vez y de la forma más azarosa a alguien con quien él no había intercambiado más que tímidas pero intensas miradas (eso y un par de tímidos balbuceos)? ¿Podría ser tan caprichosa la vida como para llevar a dos desconocidos a verse en más de una sola ocasión y en las condiciones menos pensadas? ¿Estaría un travieso demiurgo detrás de los encuentros más fortuitos entre los seres? ¿Se trataba de pura contingencia? ¿O acaso la contingencia, el azar, no era otra cosa que una deliberada profanación cometida por una deidad en contra del destino, del orden establecido? Sea como fuere, la inminencia del encuentro no daba espacio para responder tan metafísicas cavilaciones. Se encontraban frente a frente, sorprendidos los dos de haberse cruzado en el menos probable de los escenarios.

(…)


Monday, September 21, 2015

Comm(unity?)

Guillermo Gómez-Peña, Philosophical Tantrum

I wonder if community is still a source of hope? Community is one of our obsessions. We all long to belong to a larger “we” because we are obsessed precisely with what we lack. But you know locos, communities of sameness drive me up the wall, conjure my asthma, give me acute vertigo and claustrophobia. My community is not confined by ideological, national, or ethnic boundaries. Mine is a community of difference, and therefore it is fragmented, everchanging, and...temporary. And that’s how I like it. Besides, no one belongs to only one community, not even the Christian right, not even my Chihuahua Sigfrid ne Babalu. He hangs out with rodents, marsupials, and ghosts. Like Babalu’s, my peers are scattered all over the pinche planet, howling outsiders jumping all over the planet. Some of you are my peers; others are total strangers in my community of strangers. I long for my peers every night and hopefully, you long for me as well, and every now and then, when we get together, we lick each other’s wounds and dance until the morning like rabid kangaroos, and then we fall asleep in a circle of accidental bodies, and we dream of a better place and a better present. 

Gómez-Peña, Guillermo. 2011 Philosophical Tantrum. 24 min. New WORLD Theater Symposium, June 14th. New York. https://www.youtube.com/watch?v=74ajLA7MFDw

Monday, October 6, 2014

Ese nombre

Ese nombre, un nombre como tantos otros, se había enmarañado en su memoria y en su corazón. Por los intrincados rincones de la mente y el alma se movía y daba vueltas. Viajaba y se desplazaba en movimientos ondulantes dejando como rastro un aroma dulce y a la vez enérgico. Porque los nombres también tienen fragancia. Y fue esa fragancia la que se clavó en su memoria, la que lo obsesionaba incesantemente. Pero también lo era su firme y cadente sonoridad un motivo de obsesión: al pronunciar aquel nombre se desataba una tormenta de sensaciones impronunciables que lo envolvían y lo hacían levitar hasta que sus pies ya no tocan más este mundo frívolo, superficial, inhumano… o tal vez muy humano, demasiado humano. Nunca la conoció; jamás en su vida la había visto. Mas sabía su nombre: lo había visto escrito en un libro que alguna vez se topó en una de sus interminables visitas a la biblioteca. Ninguna otra cosa le interesó, ni el título del libro ni mucho menos la corta descripción de la contraportada. No quiso siquiera saber a quién pertenecía aquel nombre. Le pareció ridículo y vacuo tener ese tipo de información. Lo único que le importó fue su nombre, un nombre, ese nombre... «Sólo imagínenlo –decía–, imaginen ese nombre».

Sunday, October 5, 2014

Una rara teoría del encuentro

Peter Pál Pelbart, Filosofía de la deserción. Nihilismo, locura y comunidad

Tal vez todo esto dependa, en el fondo, de una rara teoría del encuentro. Incluso en el extremo de la soledad, encontrarse no es chocar extrínsecamente con otro, sino experimentar la distancia que nos separa de él, y sobrevolar esta distancia en un ir-y-venir loco: “Yo soy Apis, Yo soy un egipcio, un indio piel-roja, un negro, un chino, un japonés, un extranjero, un desconocido, yo soy un pájaro del mar y el que sobrevuela tierra firme, yo soy el árbol de Tolstoi con sus raíces”, dice Nijinski. Encontrar puede ser, también, en­volver aquello o a aquél que uno se encuentra, de donde la pregunta de Deleuze: “¿Cómo puede un ser apoderarse de otro en su mundo, conservando o respetando, sin embargo, las relaciones y mundos que le son propios?”. A partir de esta distancia, que Deleuze llamó “cortesía”, Oury “gentileza”, Barthes “delicadeza”, Guattari “suavi­dad”, hay al mismo tiempo separación, ir-y-venir, sobrevuelo, con­taminación, envolvimiento mutuo, devenir recíproco. También podría llamársela simpatía: una acción a distancia de una fuerza sobre otra. Ni fusión, ni dialéctica intersubjetiva, ni metafísica de la alteridad, sino distancias, resonancias, síntesis disyuntivas. Con esto Deleuze relanza el vivir-solo en una dirección inusitada. Una ecología subjetiva precisaría sostener tal disparidad de mundos, de puntos de vista, de modo tal que cada singularidad preservase, no sólo su inoperancia, sino también su potencia de afectar y de envol­ver en el inmenso juego del mundo. Sin lo cual cada ser zozobra en el agujero negro de su soledad, privado de sus conexiones y de la simpatía que lo hace vivir.

Pelbart, Peter Pál. 2009. Filosofía de la deserción. Nihilismo, locura y comunidad. Buenos Aires: Tinta Limón. 

Wednesday, September 24, 2014

Traduire

Eduardo Viveiros de Castro, Metafísicas caníbales. Líneas de antropología postestructural.

Traducir es instalarse en el espacio del equívoco y habitarlo. No para deshacerlo, porque eso supondría que nunca ha existido, sino todo lo contrario, para destacarlo o potenciarlo, es decir, para abrir y ensanchar el espacio que imaginábamos que no existía entre los “lenguajes” en contacto, espacio ocultado justamente por el equívoco. El equívoco no es lo que impide la relación, sino lo que la funda y la impulsa: una diferencia de perspectiva. Traducir es presumir que hay, desde siempre y para siempre, un equívoco; es comunicar por la diferencia, en lugar de guardar al Otro en silencio presumiendo una univocalidad originaria y una redundancia última –una semejanza esencial– entre lo que él era y lo que nosotros “estábamos diciendo”.

To translate is to situate oneself in the space of the equivocation and to dwell there. It is not to unmake the equivocation (since this would be to suppose it never existed in the first place) but precisely the opposite is true. To translate is to emphasize or potentialize the equivocation, that is, to open and widen the space imagined not to exist between the conceptual languages in contact, a space that the equivocation precisely concealed. The equivocation is not that which impedes the relation, but that which founds and impels it: a difference in perspective. To translate is to presume that an equivocation always exists; it is to communicate by differences, instead of silencing the Other by presuming a univocality –the essential similarity– between what the Other and We are saying.

Traduire c’est s’installer dans l’espace de l’équivoque et l’habiter. Non pas pour le défaire, car cela supposerait qu’il n’a jamais existé, mais, bien au contraire, pour le mettre en valeur ou le potentialiser, c’est-à-dire, pour ouvrir et élargir l’espace qu’on imaginait ne pas exister entre les « langages » en contact – espace justement occulte par l’équivoque. L équivoque n’est pas ce qui empêche la relation, mais ce qui la fonde et l’impulse : une différence de perspective. Traduire, c’est présumer qu’il y a depuis toujours et pour toujours une équivoque ; c’est communiquer par la différence, au lieu de garder l’Autre sous silence en présumant une univocalité originelle et une redondance ultime – une ressemblance essentielle – entre ce qu’il était et ce que nous « étions en train de dire ».

Viveiros de Castro, Eduardo. 2010. Metafísicas caníbales. Líneas de antropología postestructural. Buenos Aires: Katz.

____________. 2014. Cannibal Metaphysics. Minneapolis: University of Minnesota Press.

____________. 2009. Métaphysiques cannibales. Lignes d’anthropologie post-structurale. Paris : Presses Universitaires de France. 

Sunday, September 7, 2014

Contradictio

Lejos de lo que más quería, allí se encontraba. Otra noche en un lugar que le era tan familiar como extraño. Vibraba con los atardeceres, la música, los sueños, los deseos, lo lejano, lo inconmensurable, lo aún no escrito, lo inexistente, aquello que todavía está por venir… o que nunca llegará. Sin embargo, cada mañana cuando despertaba, en el preciso instante en que sus ojos veían todo aquello que lo rodeaba, recordaba su condición, confirmaba su situación, y un sinfín de cuestionamientos llegaban a su mente: dónde debería estar, qué había hecho, qué no había hecho, qué debería haber hecho, qué debería hacer. Pero tales preguntas, ellas, obstinadas y tercas, no dejaban ser contestadas. Y tal vez lo mejor sería no insistir.

Algunas veces cuando reflexionaba y miraba atrás, veía simplemente malas decisiones, errores y acciones a destiempo. “¿Es esa mi vida?”, se preguntaba, “¿una serie de eventos que de no haber ocurrido me hubiesen llevado a otro lugar?”. “¡Por supuesto!”, se decía, “¿pero no consisten en eso todas las vidas: decisiones, errores, acciones?”... Y sin embargo el hirsuto hombre se reprochaba: “si tan sólo hubiese obtenido ese trabajo; si mis primeros años en el colegio los hubiera aprovechado tanto como los últimos; si en lugar de estar con ella hubiera conocido otras personas; si tan sólo en mi viajes hubiese sido menos rígido, más humilde, más abierto”… Sin embargo así no fue, y allí se encontraba. Ya no importaba lo que hubiese hecho, mucho menos lo que dejó de hacer.

¿Se arrepentía? Sí. Se arrepentía de no haberse extasiado con cada experiencia que tuvo, de no hacer lo que debería haber hecho, de que la razón tomara control sobre él, de que las emociones tuvieran un papel secundario. El problema era, no obstante, que también se arrepentía de que las emociones lo hubieran llevado a desperdiciar su tiempo. Curioso. Pensaba que debía sentir, sentía que debía pensar. Veía la vida de los otros, ¡y parecía tan simple! Pero la suya no podía ser así. Tan complicado, tan exigente, tan insensato. A veces sentía que no debería pensar tanto, pero cuando empezaba a sentir, concluía que debería pensar mejor las cosas… 

Friday, September 5, 2014

Ethics

Avital Ronell, Meaning

Precisely where there’s the pretense or claim for ultimate meaning and transparency –precisely where transcendental guarantors are stamping everything as meaningful, when no one needs to do the anxious guesswork of how to behave or what to do– that’s when you are not called upon to be strenuously responsible, because the grammar of being, or the axiom of taking care of the Other, is spelled out for you. According to several registers of traditional ethics, things are pre-scripted, they’re prescribed. You know everything that you are supposed to do; it’s all more or less mapped out for you. What becomes difficult and terrifying, and what requires infinite translation of a situation or of the distress of the world, is when you don’t have those sure markers. You don’t have the guarantee of ultimate meaning or the final reward or the last judgment and must enter into unsolvable calculations, seating doubts. Anyone who’s sure of themselves, of their morals and intentions, is not truly ethical, is not struggling heroically with the mandate of genuine responsibility. It is impossible ever to be fully responsible because you are never done being responsible or never responsible enough –you’ve never given or offered or done enough for those suffering, for the poor, the hungry.

Ronell, Avital. 2009. "Avital Ronell: Meaning". In Astra Taylor (ed.), Examined Life. Excursions with Contemporary Thinkers. Pp. 25-60. New York: The New York Press.

Así lo hizo

Así lo hizo,
tal cual, tal como te digo:
cuestionando el sentido común,
cuestionando su sentido común,
haciéndola enfrentarse a sí misma.
No solo en conversaciones, no,
sino por su forma de ser.
A diferencia de la de ella,
esta era una vida insubordinada, intensa, desterritorializada;
esa de la que tanto hablamos
en las interminables conversaciones sobre la existencia.
Pura intensidad, inmanencia, vitalidad.
Capacidad de observación, mente inquisidora
y extremadamente analítica…
Todo esto sin las ínfulas que ella y tantos otros,
pretendidos expertos y sujetos de ciencia,
se caracterizan por tener.
¿Cómo lo hizo?, me preguntas.
Por eso te digo,
así lo hizo...

Thursday, September 4, 2014

Blogs, vida y sabrosura - Güelcom tout le monde

Puej qué les digo sobre este blog... La verdá -y sin duda va a sonar muy cliché porque en eso consisten los blogs- es un intento por compartir distintas ideas, opiniones, juicios y prejuicios propios y de algunos autores y personajes que admiro projundamente. Es, a la vez, una exploración muy personal y no del todo rigurosa sobre distintas cuestiones que me han obsesionao' -y otras que han ido apareciendo- a lo largo de mi corta, soporífera y no muy sustanciosa vida... En esa medida, por su carácter difuso y no temático (no es un blog sobre "la lengua" o sobre "filosofía política" o qué se yo... Aunque verán que algunos temas aparecerán más recurrentemente que otros), se trata de un experimento: un espacio donde se mezclan discursos y -espero yo- géneros disímiles y en ocasiones divergentes. Es un experimento también porque es aquí donde quisiera poner en juego (en el sentido literal de poner a jugar pero también en el de 'arriesgar') una manera de escribir que no es ni única ni novedosísima, pero que en chats, e-mails y espacios "no formales" he venido usando. Siendo así, lo que articula tales elementos no es más que el interés de un aciago personaje en publicar arbitrariamente contenidos que lo han llevado a múltiples cuestionamientos vitales (más que existenciales: hay que "exprimir" el potencial de la vida). ¡A sabrosear entón!