Monday, October 6, 2014

Ese nombre

Ese nombre, un nombre como tantos otros, se había enmarañado en su memoria y en su corazón. Por los intrincados rincones de la mente y el alma se movía y daba vueltas. Viajaba y se desplazaba en movimientos ondulantes dejando como rastro un aroma dulce y a la vez enérgico. Porque los nombres también tienen fragancia. Y fue esa fragancia la que se clavó en su memoria, la que lo obsesionaba incesantemente. Pero también lo era su firme y cadente sonoridad un motivo de obsesión: al pronunciar aquel nombre se desataba una tormenta de sensaciones impronunciables que lo envolvían y lo hacían levitar hasta que sus pies ya no tocan más este mundo frívolo, superficial, inhumano… o tal vez muy humano, demasiado humano. Nunca la conoció; jamás en su vida la había visto. Mas sabía su nombre: lo había visto escrito en un libro que alguna vez se topó en una de sus interminables visitas a la biblioteca. Ninguna otra cosa le interesó, ni el título del libro ni mucho menos la corta descripción de la contraportada. No quiso siquiera saber a quién pertenecía aquel nombre. Le pareció ridículo y vacuo tener ese tipo de información. Lo único que le importó fue su nombre, un nombre, ese nombre... «Sólo imagínenlo –decía–, imaginen ese nombre».

No comments:

Post a Comment