Tuesday, September 29, 2015

Cyclonopedic thoughts

En medio de los impasibles metales que sostienen una inmensa valla en lo alto de un edificio, veo una pequeña y solitaria sombra humana. Se ha alejado, quiero pensar, de la venenosa sociabilidad contemporánea que impone distorsionadas formas de estar-con,“comunidades” y “comunalidades” prefabricadas que vinculan sin vincular. Soledad proliferante la de esta enigmática figura: encuentros y conexiones consigo mismo, con materiales anónimos, con seres inventados, con pensamientos bizarros y confusos, con imágenes y perspectivas, con uno y muchos mundos. Estar solo sin estarlo… Pienso en nuestra amistad y por eso te escribo. Para que estando solo no lo estés, para que una parte de mí esté ahí sin estarlo, para que en la ausencia haya presencia y en la soledad, vínculos. 

Thursday, September 24, 2015

Encuentros dispersos (cercanos y lejanos) de todos los tipos (no solo del tercero)

El tema del encuentro, o más bien en plural, de los encuentros, se me sigue apareciendo recurrentemente. Bien se podría objetar que soy yo el que, voluntariosamente, persigue esta cuestión –como un cazador a su presa. Sin embargo, hay que decir que más que una mezquina obsesión, mi interés y conexión con aquel tema no es otra cosa que un encuentro: un encuentro con ‘el encuentro’, o mejor aún, encuentros múltiples y dispersos con ‘el encuentro’. Mi acercamiento al tema, entonces, debe ser definido no como una cinegética (arte de la caza) sino como una especie de criptozoología. El criptozoólogo, curioso por toparse con críptidos –seres cuya existencia es puesta en duda por la ciencia moderna–, comienza una labor de rastreo. Atento a cualquier signo o huella que lo lleve a confrontar estos seres, el criptozoólogo no desea, necesariamente, cazar a su presa (para él no hay presa). El criptozoólogo busca, fundamentalmente, maravillarse con esos seres ‘ocultos’; es presa –él mismo, curiosamente– de la fascinación hacia los críptidos, del misterio que estos animales representan. Y si a nadie más parece importarle, o si se pone en duda el propósito de su búsqueda, eso poco o nada le interesa a la criptozoología. Lo que importa no es encontrar y cazar al animal, sino utilizar y sacar provecho de la mayor cantidad de medios e información recolectada para seguir con la labor, para sensibilizarse con la existencia de aquella ‘bestia oculta’. Así pues, antes que una búsqueda por ‘el encuentro’, mi recorrido se ha tratado de encuentros con ‘el encuentro’: vislumbrar huellas, seguir rastros, prestar atención a indicios que aparecen en el ambiente y que ‘dicen algo sobre algo’. No es a partir de una obsesión –como la del cazador– que el tema se manifiesta y se presenta insistentemente. Y tampoco se trata de pasividad pura; sin duda el interés por ‘el encuentro’ existe. Es debido a que ‘el encuentro’ ha surgido como huella en el camino que, de una u otra forma, el ya muchas veces mencionado tema ha cautivado mi atención… 

Tuesday, September 22, 2015

In contra (I)

Las calles le empezaron a parecer espléndidas, llenas de luces y de personas que creía haber visto ya en algún lugar pero que sin duda no podría llamar por nombre propio. Familiaridad en el anonimato. Sentado en una banca, el mundo entero seguía su marcha mientras él, poco a poco, se perdía en la densa opacidad de su espíritu. Ensimismado, constreñido por la pesadez de sus pensamientos, se preguntaba por su propia existencia y la del mundo que habitaba. Tan importante y a la vez insignificante le pareció la vida –la suya, la de los otros, la del mundo– que en un destello de lucidez pudo entrever el cosmos. Vio que todo terrestre era tan cósmico como aquel habitáculo planetario que lo rodeaba o como las estrellas más lejanas de las que aún no sabemos nada. Pensó en los rayos del sol y en el magma volcánico, en el plancton casi infinito y en los abismos oceánicos, en el trazado geométrico de los cristales de nieve y en las untuosas sustancias subterráneas. Pero divagó, también, sobre el disgusto con su hermano, sobre la felicidad de volver a ver a su mejor amiga, sobre el dolor de la lejanía. Todo, lo personal y lo cósmico, le pareció tener la misma naturaleza: todo, absolutamente todo, era tan constitutivo como banal.

La mirada perdida, absorta en pensamientos, volvió a las calles de la ciudad. Vio entonces unos pies moviéndose en su dirección y se fijó en ellos. Levantando poco a poco su cabeza se fue encontrando con las pantorrillas, las rodillas, los muslos, la cadera, el abdomen, el pecho, el cuello. Ahí se detuvo, pues no quería confrontar la potencia del rostro. No creía necesario llevar a cabo este gesto, un gesto de reconocimiento. Además, ¿qué objetivo ulterior podría tener esto? De seguro esa persona seguiría de largo, trazaría otra ruta o, en el mejor de los casos, se sentaría al lado suyo en espera de alguien más. Quiso entonces desviar la mirada y retornar a sus existenciales meditaciones. Pero segundos antes de hacerlo, por motivos que no podemos atribuir a la consciencia voluntariosa y mucho menos al caprichoso inconsciente –solamente, tal vez, a la intensidad del afecto–, su cabeza se levantó por completo y vio el rostro de aquel cuerpo. ¡Lo conocía! Conocía ese rostro: sus particulares rasgos y la cautivante mirada no podían ser de nadie más... Se conocían, se reconocieron. Los cuerpos se tornaron casi inmóviles y el tiempo era ya otro.

¿Cómo era posible? ¿No era absurdo, acaso irreal y novelesco, ver por tercera vez y de la forma más azarosa a alguien con quien él no había intercambiado más que tímidas pero intensas miradas (eso y un par de tímidos balbuceos)? ¿Podría ser tan caprichosa la vida como para llevar a dos desconocidos a verse en más de una sola ocasión y en las condiciones menos pensadas? ¿Estaría un travieso demiurgo detrás de los encuentros más fortuitos entre los seres? ¿Se trataba de pura contingencia? ¿O acaso la contingencia, el azar, no era otra cosa que una deliberada profanación cometida por una deidad en contra del destino, del orden establecido? Sea como fuere, la inminencia del encuentro no daba espacio para responder tan metafísicas cavilaciones. Se encontraban frente a frente, sorprendidos los dos de haberse cruzado en el menos probable de los escenarios.

(…)


Monday, September 21, 2015

Comm(unity?)

Guillermo Gómez-Peña, Philosophical Tantrum

I wonder if community is still a source of hope? Community is one of our obsessions. We all long to belong to a larger “we” because we are obsessed precisely with what we lack. But you know locos, communities of sameness drive me up the wall, conjure my asthma, give me acute vertigo and claustrophobia. My community is not confined by ideological, national, or ethnic boundaries. Mine is a community of difference, and therefore it is fragmented, everchanging, and...temporary. And that’s how I like it. Besides, no one belongs to only one community, not even the Christian right, not even my Chihuahua Sigfrid ne Babalu. He hangs out with rodents, marsupials, and ghosts. Like Babalu’s, my peers are scattered all over the pinche planet, howling outsiders jumping all over the planet. Some of you are my peers; others are total strangers in my community of strangers. I long for my peers every night and hopefully, you long for me as well, and every now and then, when we get together, we lick each other’s wounds and dance until the morning like rabid kangaroos, and then we fall asleep in a circle of accidental bodies, and we dream of a better place and a better present. 

Gómez-Peña, Guillermo. 2011 Philosophical Tantrum. 24 min. New WORLD Theater Symposium, June 14th. New York. https://www.youtube.com/watch?v=74ajLA7MFDw